La Agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al hombre sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre. Cicerón

martes, 13 de marzo de 2012

PURÍN DE ORTIGAS

LA HUERTA 13 DE MARZO DE 2012
Voy a comenzar este resumen este día e intentaré cerrar el ciclo hasta el año que viene, esto es algo que ya debí de hacer hace tiempo pero como todo y a todo le ha llegado el día hoy.


La idea hoy del huerto era clarearlo un poco  de otras plantas distintas a las cultivadas, que esta vez en este cultivo han proliferado con mucha energía, debe ser porque no hemos tomado ninguna medida contra esto.
Para la próxima temporada de verano vamos a seguir las recomendaciones de la agricultura biodinámica, la cual estamos implantando en nuestro huerto y nuestros hábitos poco a poco.
En esta visita hemos eliminada las plantas no cultivadas, comenzando por la ortiga, con la cual estamos dispuestos a hacer un purín, para ello la hemos arrancado con el problema de no haber seleccionado las que tenían semillas, con las frescas, con el problema de que estas con semillas no sirven igual.
No obstante lo hemos hecho y hemos conseguido llenar dos recipientes. Uno de ellos lo vamos a utilizar para hacer un purín de 24 horas y la otra la vamos a dejar que realice todo el ciclo completo, agitándola todos los días para que no se pudra y así suelte bien toda la energía que tiene.
 El purín de ortigas no se debe de aplicar mas de tres veces al cultivo, con el de 24 horas se aplica tres veces el mismo dia, con un margen de 1 hora entre cada aplicación. El purín de varios dias se aplica también tres veces tres días distintos, pero nunca mas de tres veces.
También hemos cogido unas zanahorias moradas de esas de Cuevas Bajas, muy ricas por cierto y muy vistosas, como el año pasado dejaré algunas para semillas. Las zanahorias las plantamos en abundancia y ahora hay muchas que han crecido muy juntas y son mas difíciles de coger, para la próxima vez confiaremos más en la semilla y la colocaremos con mas idea. Entre las zanahorias ha crecido además una planta que se le parece mucho y me ha tenido engañado todo este tiempo pensando que era una zanahoria y haciéndome dudar de la planta.
 













El brócoli también estaba a punto y le hemos cortado unas ramitas, las que se veian mas compactas.
Las acelgas han sufrido mucho el picoteo de los pájaros ya parece que los espantapájaros están dando algo de resultado además de que ya debe de haber mas alimento en el campo para los pájaros.
Incluso las espinacas están comenzando a aparecer y parece ser que nos vamos a comer una escarola o una ensalada.
Ojeando otras plantas he comprobado que la consuelda, a pesar de terminar con todas sus hojas secas por la helada, a vuelto a rebrotar en el mismo sitio al igual que el alicrisun y el ajenjo.

Por último hemos volteado el compost y regado un poquito pero mas bien poco porque se ha cortado el riego pronto.

martes, 31 de enero de 2012

CANALES CORTOS DE COMERCIALIZACION, UN ELEMENTO DINAMIZADOR


Autor: López García, D.*
Pareciera que la agricultura no tiene cabida en espacios periurbanos, donde la lógica especulativa convierte la tierra en mercancía, asignándole un valor de mercado muy por encima de su valor de uso y lejos del alcance de las rentas agrarias. Sin embargo, en las últimas décadas han aparecido gran cantidad de pequeñas iniciativas que tienden puentes entre campo y ciudad, conectando grupos de productores y consumidores en novedosas formas sociales que están devolviendo la rentabilidad a la agricultura periurbana.
Pero sobre todo, están abriendo un espacio social donde la producción agraria sostenible cercana a las ciudades recupera su valor social, y a partir del cual es posible defender la actividad del avance de la ciudad. Más allá de la búsqueda de precios justos para el consumo y la producción, es la conformación de un movimiento social que cuestiona la expresión territorial del capitalismo global, y que construye alternativas a partir de formas de relación económica basadas en la solidaridad y el bien común entre producción y consumo.
La recuperación de los canales cortos de comercialización
Las mayores ciudades han crecido históricamente en lugares de fácil abastecimiento de alimentos, a menudo cercanas a vegas fértiles y altamente productivas. Hasta hace muy pocas décadas, los productos agroalimentarios de consumo diario (hortaliza fresca, leche, etc.) se producían en las propias ciudades o en los territorios inmediatamente cercanos. Aún hoy, al menos un tercio de los alimentos consumidos en las ciudades de todo el mundo se producen en esas mismas áreas urbanas o en las zonas periurbanas anejas, y al menos un 7,5% de los alimentos en el mundo están producidos por campesinos urbanos.
Sin embargo, y por diferentes causas (el petróleo barato, las urbanización de suelos, el precio de la tierra, etc.) ha llevado a lo largo del siglo XX a un paulatino desacoplamiento espacial entre producción y consumo agroalimentarios, que ha hecho retroceder las producciones agrarias urbana y periurbana.
En un contexto de crisis general para todo tipo de agricultura, el surgimiento de la agricultura ecológica supone un balón de oxígeno para algunas explotaciones agrarias. Esta nueva forma de denominar la agricultura sin químicos, si bien más evolucionada, en poco tiempo se hermana con la mayor conciencia en el consumo hacia la búsqueda de productos saludables, en un mercado a menudo confuso y generador de poca confianza, especialmente frente a la expansión de la Gran Distribución Comercial (GDC). Por ello, en el Estado Español surgen en los ’80 los primeros Grupos de Consumo de Alimentos Ecológicos y asociaciones de productores y consumidores. En los años ’90 el consumo asociativo de alimentos ecológicos se expande, especialmente en las principales zonas metropolitanas, a partir de la iniciativa individual de experiencias productivas pioneras que no pudieron o no quisieron optar por el mercado de exportación, y especialmente a partir de la distribución de frutas y hortalizas frescas.
En la primera década de este siglo se vive una verdadera explosión de iniciativas auto organizadas de consumo ecológico en las ciudades, que podemos denominar un movimiento social agroecológico, altamente politizado, y que supera en sus principios la demanda de alimentación saludable, para plantear una crítica de raíz a la expresión territorial del capitalismo globalizado y al sistema agroalimentario que lleva asociado. Este incipiente movimiento se alimenta en los últimos años con las propuestas de la Soberanía Alimentaria, llegadas desde el Sur Global de la mano de La Vía Campesina, y se estructura en tejidos territoriales de diversa naturaleza, construyendo alianzas entre campo y ciudad en base a un pacto social por la agricultura, especialmente la agricultura ecológica y los canales alternativos de distribución.
En la actualidad, los Canales Cortos de Comercialización (CCC) para los alimentos ecológicos son una realidad en rápido crecimiento en el Estado Español y en general a lo largo y ancho del planeta. Sus formas se han multiplicado y diversificado, hasta suponer una alternativa importante para cientos de experiencias productivas; y su importancia está siendo recogida por las administraciones, que se están viendo forzadas a reconocer su importancia y los beneficios sociales que reportan.
Pero más allá de su importancia económica, su carácter de movimiento social está generando una politización de la producción y el consumo, que sitúa el sistema agroalimentario en un lugar importante de los debates sociales.
Los CCC: Más que una cuestión de consumo
Por Canales Cortos de Comercialización entendemos aquellas formas de circulación agroalimentaria en las que sólo se dan uno o ningún intermediario entre producción y consumo. Sin embargo este es un término confuso, ya que el denominado canal moderno de distribución en algunos casos cumple con esta definición, y no es el tipo de experiencias al que nos queremos referir. Por ello para afinar más el concepto debemos hablar de espacios comerciales en los que producción y consumo mantienen un alto poder de decisión en cuanto a qué y cómo se produce, y en cuanto a la definición del valor de aquello que se produce. El tipo de experiencias que agrupamos dentro de esta categoría suele compartir además una base territorial común entre producción y consumo que permite una relación directa entre ambos extremos de la cadena agroalimentaria, por lo que se suele hablar de mercados locales como un concepto ligado al de CCC. Algunas de las modalidades son fórmulas tradicionales de distribución de la producción agraria que han sido retomadas en el proceso de recampesinización de una parte importante de los pequeños productores, como la venta en finca o los mercadillos de productores. Además, han surgido formas novedosas de comercialización ligadas a la producción ecológica, tales como los Grupos de Consumo de alimentos ecológicos, los sistemas de suscripción en base a la distribución periódica de lotes de productos de composición preestablecida, la venta por internet, o la distribución directa por parte de los productores a comedores de instituciones públicas (Consumo Social).
En efecto, las diversas modalidades de CCC van más allá de un simple interés por alimentos saludables por parte del consumo, para establecer relaciones de confianza, en respuesta a una desconfianza generalizada frente a la globalización agroalimentaria y los organismos de control ambiental y sanitario al respecto. Esta desconfianza llega hasta el cuestionamiento de los propios sistemas públicos de certificación, para establecer sistemas alternativos y participativos de garantía; e incluso frente a la convencionalización de la agricultura orgánica.
El establecimiento de estas nuevas redes sociales de confianza entre producción -medio rural- y consumo -medio urbano, se traduce en formas de funcionamiento ampliamente positivas para ambas partes de la cadena, y que establecen una clara diferencia con las formas de circulación económica en el mercado capitalista global: estabilidad; negociación de precios; cooperación entre producción y consumo e incluso variadas formas de co-gestión de la finca; preferencia por las producciones más cercanas por encima de los menores precios; etc. Muchos productores ecológicos manifiestan a su vez su satisfacción al conocer a las personas que se alimentan con su cosecha, y a que sus productos de calidad sean consumidos en el propio territorio. Y según la conciencia ecológica va siendo incorporada por los propios productores, estos comienzan a consumir alimento ecológico y a desarrollar experiencias de consumo asociativo en las propias zonas de producción, a menudo rurales.
El interés renovado por las producciones agrarias locales, supone a su vez un cambio importante en uno de los principales problemas para la renovación de la población activa agraria: la escasa valoración social de la actividad, a la vez que puede suponer un freno importante frente a la pérdida de biodiversidad agraria. La simple reducción de intermediarios reduce costes y aumenta de manera muy sensible el valor añadido percibido por el productor, a la vez que reduce los precios finales del alimento ecológico y los impactos ambientales relativos a transporte y a los envases y embalajes que la distribución convencional utiliza como gancho.
No es oro todo lo que es “corto”
El concepto de “Circuitos Cortos de Comercialización” solo hace referencia al número de intermediarios entre producción y consumo, y dentro de esta definición entran muchas cosas, y no todas responden a la idea de solidaridad y de reparto del beneficio social entre los extremos de la cadena alimentaria. El desarrollo de la gran distribución comercial (“Canal Moderno”) aprendió la lección hace mucho tiempo, y en la actualidad supone el único intermediario para la mayor parte de productos que se comercializan en los súper e hipermercados. Han desarrollado sus propias plataformas de compra, desplazando así al “Canal Tradicional” construido a través de los “mercas” de las grandes ciudades, y quedándose así con una mayor parte del valor añadido, y concentrando aun más el poder de negociación frente a producción y consumo. Y son capaces de apropiarse de cualquier contenido simbólico al respecto (ver foto de Intermarché, Marsella, 2006), y lo peor es que no mienten.
Por lo tanto, cuando hablamos de CCC no solo nos referimos a los intermediarios, sino también a las formas que adoptan los circuitos de comercialización… Pero aquí también nos podemos pillar los dedos. Algunas modalidades de CCC se han crecido, en los países con mercados ecológicos más desarrollados, de una forma espectacular. Es el caso de los sistemas de subscripción (o de cestas) comercializados por internet, que en países como el Reino Unido alcanzan en algunos casos volúmenes de decenas de miles de cestas semanales a domicilio (Abel and Coll; Riverfort); aunque también en Dinamarca (Aarstiderne), Alemania o Austria. Todas estas experiencias surgen e sus inicios de granjas o asociaciones de granjas pioneras en los CCC, que abrieron mercado con mucho valor, y que hoy logran comercializar un volumen muy importante de productos de regiones determinadas, favoreciendo el mantenimiento de la agricultura en esas zonas. Pero adoptan sistemas en los que, una vez más, el criterio del productor tiene poco que decir; que no tienen problemas en incorporar productos de cualquier parte del mundo, para hacer “más cómodo el servicio” al consumidor; y que pierden la relación directa entre producción y consumo, al adoptar estructuras empresariales. ¿Es esto circuito corto?
En una conversación con Patrick Holden, anterior presidente de la Soil Association, en Reino Unido, nos comentaba una reunión con el responsable de compras de una gran cadena de supermercados en aquel país. Aquel sales manager decía: “de momento, el volumen es demasiado pequeño para nosotros”, pero no tenía problemas en considerar abrir una línea de sistema de suscripción para alimentos ecológicos desde el supermercado. En efecto, si es rentable, ¿por qué no lanzarse a ello? Y sin duda, sin un tejido social y una solidaridad directa entre producción y consumo, el poder comunicativo de la Gran Distribución puede reconstruir cualquier ficción de lo local, de la solidaridad, y de la calidad de los alimentos. Mucho más real que la realidad.
Por ello, no solo hablamos del número de intermediarios, sino también de volúmen (cantidad de producto repartido, cantidad de granjas productoras o unidades de consumo implicadas) y escala territorial, que permita un contacto directo y conocimiento mutuo entre producción y consumo. Pero sobre todo, cuando hablamos de CCC como proyecto transformador, hablamos de Poder. Poder de la producción y el consumo para definir el modelo agrario y alimentario que deciden para cada territorio, lo cual es a su vez un proyecto político, que denominamos Soberanía Alimentaria.
Los CCC como elemento movilizador
Se constata que además, las relaciones de proximidad en las cadenas locales sirven de vehículo a las demandas sociales de equilibrio territorial y ambiental frente a la globalización, especialmente entre los habitantes urbanos, en un compromiso por apoyar y fortalecer los paisajes, las culturas y las economías locales sostenibles de los territorios circundantes a las áreas metropolitanas. Especialmente en las zonas urbanas y periurbanas donde, como ya se ha comentado, la dinámica de la economía globalizada presiona en mayor medida sobre el tejido agrario. Pero también en las numerosas iniciativas de Grupos de Consumo o CCC que se están desarrollando en zonas rurales, integrando a los productores/as en las mismas estructuras de consumo.
En este sentido podemos entender el desarrollo desde los años ’90 de un movimiento social agroecológico de fuerte carácter urbano, desde el cual se organiza la resistencia frente a la expresión territorial del capitalismo global, a través de un cambio en el modelo agroalimentario. Desde estas praxis urbanas se construyen los grupos de consumo en las ciudades y los huertos urbanos, y estas experiencias se han ido coordinando a nivel territorial para construir el extremo del consumo en los CCC, haciendo así operativas las incipientes redes logísticas por medio de estructuras de coordinación.
La existencia de estas estructuras y la explosión de los CCC están permitiendo un estrecho contacto entre producción y consumo, incorporando contenidos agrarios y rurales a la agenda política de los movimientos sociales urbanos a través de la presencia de los productores, con lo que se fortalecen de una forma importante las luchas de los débiles tejidos sociales de las áreas periurbanas circundantes, o de las comarcas rurales con tejido asociativo ligado a los CCC.
En las Áreas periurbanas nos encontramos, en concreto, con un rango de problemáticas en la parte de la producción, ligados a la marginalidad de la actividad agraria en estos territorios: problemas de acceso a la tierra y al agua; contaminación de suelos y agua; desestructuración del tejido productivo agrario (asociaciones, cooperativas, etc.); y degradación de las infraestructuras agrarias (caminos, acequias, etc.).
Estas problemáticas están siendo integradas, dentro de la agenda de los movimientos sociales urbanos, que más allá del ecologismo pasan a considerar la cuestión agraria como bien de interés social, desde una visión agroecológica y de Soberanía Alimentaria. En este sentido, es fácil encontrar en los espacios donde toman cuerpo las experiencias de CCC -locales de los grupos de consumo, mercadillos de productores- propaganda y convocatorias de movilizaciones alrededor de problemáticas ambientales locales de las áreas periurbanas, como la urbanización descontrolada; la contaminación; o la construcción de infraestructuras de transporte, agua y energía. Además, es fácil encontrar en la dinamización de estas movilizaciones a los propios agricultores ecológicos y a otras personas implicadas en los CCC desde el consumo.
EJEMPLOS:
Probablemente el conflicto social más importante acaecido en el Estado español en este sentido es el de la Huerta Sur de Valencia, y en concreto en el barrio de La Punta, desde mediados de los ’90. Este barrio de huertos históricos, integrado en el término municipal de la ciudad de Valencia, fue arrasado en gran parte para la construcción de infraestructuras logísticas y de transporte, necesarias para conectar el espacio metropolitano valenciano con la economía global. Este proceso se ha ido extendiendo a otras zonas alrededor de la ciudad, y ha ido generando un creciente movimiento contestatario, en el que la agricultura es más que el paisaje y la identidad cultural históricas del pueblo valenciano. La huerta es garantía de futuro para la ciudad y una vía imprescindible para su desarrollo sostenible, y cada fanega cementada supone fertilidad y riqueza perdidas para siempre. Por ello, desde los ’90, las personas implicadas en la defensa de L’Horta comenzaron a dinamizar experiencias de CCC en los terrenos que iban a ser urbanizados, como forma de conectar a los habitantes urbanos con la problemática de las huertas históricas. Esta línea sigue, hasta el punto de que hoy la página web de inicio del colectivo Per L’horta -el más visible en la defensa de la huerta valenciana- muestra un sistema de compra on-line de productos de la zona.
Otro ejemplo interesante es el de Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH!) en el Area Metropolitana de Madrid. En el año 2000 un grupo de 150 jóvenes okupaba unas tierras abandonadas de titularidad pública, pertenecientes a un Parque Regional y destinadas para “agricultura sostenible”, para denunciar el abandono de la finca por parte de la administración y las múltiples agresiones ambientales que estaba sufriendo dicho Parque Regional relacionadas con el crecimiento urbanístico y las infraestructuras de transporte relacionadas. El grupo presentó un proyecto al gobierno regional para poner en producción la finca y sin esperar respuesta comenzó a desarrollarlo. El proyecto incluía la creación de grupos de consumo que, de manera asamblearia, gestionarían la finca en base a la posesión colectiva de los medios de producción y del producto, en un modelo de relaciones entre producción y consumo mediante el cual el consumo se hace responsable de la producción agraria, y también del territorio que la soporta. La producción tuvo que llevarse al valle del río Tajuña al ser dificultada por la administración con todo tipo de medios. Sin embargo la experiencia siguió adelante, y más tarde el modelo de relación producción-consumo se replicaría en una docena de nuevas experiencias, en la Comunidad de Madrid y en otros territorios del Estado Español.
PARA SABER MÁS:
(*) Daniel López
Técnico e investigador en Agroecología. Miembro de Ecologistas en Acción.

viernes, 23 de septiembre de 2011

EL BUNKER



El Correo Vasco, septiembre 2011. Gustavo Duch
Michael es tremendamente fatalista. Cuando conoció los peligros de la energía nuclear construyó en los bajos de su casa un refugio nuclear. Como teme a los ladrones tiene también una habitación del pánico. Los alimentos y productos de limpieza que compra y utiliza para su familia llevan etiquetas de cien por cien ecológicos no sea le entre una toxoinfección en casa; y el agua corriente pasa por un doble sistema de filtro y depuración.
Pero Michael no está preparado para todo, porque Michael, como la mayoría de personas de los países industrializados, nos alimentamos en un sistema global muy vulnerable, del qué poco conocemos. ¿Si supiera Michel que cualquier día nos pueden cortar el suministro de energía, se instalaría unas placas solares autónomas? ¿Si supiera que nos pueden cortar el suministro de agua, recuperaría el agua de lluvia y el viejo pozo del jardín? ¿Y si supiera que el supermercado se podría quedar vacio, sin comida, atiborraría las despensas de latas de conserva y embutidos? No sería una solución acertada a largo plazo, claro, pero de todas las pesadillas que aterran a Michael, seguramente la menos improbable sea precisamente esa última: el desabastecimiento de comida, sobre todo en las ciudades.
La alimentación urbana hoy por hoy está totalmente desconectada de la producción de alimentos;  la producción de alimentos que abastece a las ciudades es totalmente dependiente de energía fósil; y la energía fósil no es infinita (la regla del tres). Cuando el déficit de petróleo y gas natural sea más patente (o cuando alguna crisis estratégica nos deje sin suministros) el precio de la energía será progresivamente más elevado. De hecho se puede observar una correlación directa entre el precio del petróleo y los costes de los alimentos que, de naturaleza industrial y no campesina, se producen con pesticidas y fertilizantes derivados del gas y del petróleo; que se han sembrado, regado y cosechado mecánicamente; que han viajado en barco, camión o avión; y que guardamos en frigoríficos que calientan el planeta.
¿Qué  puede hacer Michael y sus monomanías para protegerse ante tal descalabro? Como dicen algunos textos, también los individuos y las familias podemos empezar a introducir una agricultura y alimentación de transición,  que vaya acercándonos progresivamente a una alimentación de bajos o negativos costes energéticos. Cinco ideas:
  1. Revisar la despensa y la nevera y analizar cuánto petróleo vemos en ella. Cuántos envases y  paquetería observamos, cuántos alimentos kilométricos nos abastecen, cuántos dependen de una cadena de frío, cuanta carne aparece…para tenerlo en cuenta.
  2. Revisar la nota de la compra…y nos sorprenderemos que comparado con otros capítulos de nuestros gastos no es este uno de los más sangrantes, de forma que no es mala idea empezar a desviar partidas de nuestro presupuesto del capítulo de lo ‘innecesario’ al capítulo de lo ‘vital’.
  3. Repensar los menús en base a la sostenibilidad, es decir, pensar en nuestros hábitos de compra, en nuestra forma de guardar y preparar la comida, incluso del modo de vida que nos lleva a tener o no tiempo para cocinar.
  4. Rebuscar cerca de dónde vivimos alguna cooperativa o grupo de consumo que ya están abasteciéndose de productores locales; o localizar mercados de campesinos.
  5. Ruralizar la casa, es decir dedicar las macetas, el jardín o la terraza a cultivar una parte de lo que requerimos. O participar de un huerto comunitario en ese terreno abandonado del barrio.
Esto más o menos, o confiar en un milagro que –Michael lo sabe- no se dará.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

CRISIS ALIMENTARIA

Septiembre 2011, REVISTA ECOLOGISTA, Gloria Martínez y Gustavo Duch
Algo no va bien cuando el diccionario –o nuestro uso del mismo- se queda sin recursos. Al drama de levantarse por la mañana, cada mañana, y no saber qué vas a poder comer tú y tu familia, le llamamos ‘crisis alimentaria’. Cuando comer pepinos, brotes de soja o carne de cerdo puede –dicen- causarte una indigestión, le llamamos ‘crisis alimentaria’. Y si de la noche a la mañana, por arte de birlibirloque, los precios de la canasta alimentaria suben por las nubes, a eso… ¿cómo le llamamos? Pues sí, ‘crisis alimentaria’ evidentemente.
Un embrollo semántico por falta de lucidez. El capitalismo es lo que tiene, que nos latifundiza los conceptos y los disimula creando el eufemismo único: ‘crisis alimentaria’ para no tener que sonrojarse hablando de hambre, pérdida de soberanía alimentaria, especulación, envenenamientos industriales…
Las  crisis alimentarias, cualquiera de éstas tres, no son algo coyuntural

miércoles, 1 de junio de 2011

Una crisis inpepinable

El Correo Vasco, 1 de junio de 2011. Gustavo Duch

La ‘crisis de los pepinos’ o mejor dicho el brote de E. Coli que afecta al norte de Europa, es una buena ensalada donde se mezclan alarmas, angustias y mensajes de confianza. A la espera de respuestas definitivas sobre sus orígenes, y ahora que tenemos a los pepinos absueltos, me parece imprescindible abrir algunas reflexiones sobre el sistema alimentario global por el que hemos optado en los países desarrollados (y que se ha impuesto a los países del Sur empobrecido).
El sistema en cuestión ha sido diseñado para producir algo parecido a alimentos, a costes muy bajos, tanto económicos, sociales como ecológicos; pero que puedan producir altos beneficios a quienes se dedican a su comercialización. Los alimentos, lejos de considerarlos como una necesidad y un derecho, se entienden como una mercancía sin más. El caso de los pepinos es un buen ejemplo: los esfuerzos para cultivar, regar y cosechar un pepino, representarán para el agricultor o agricultora 0’17 euros por kilo vendido. La población consumidora pagará 1’63 euros por kilo. Es decir, un incremento superior al 800%.
Mercancías con este margen son verdaderos diamantes que recorren el mundo siempre en una misma dirección, la dirección centrípeta: desde las regiones productoras a las poblaciones con más poder adquisitivo. Y pepinos, piñas o panga hacen entonces viajes muy largos, en temporada alta y con muchas ciudades que visitar. Las administraciones ante este mercado, no se plantean revisar el modelo, sino que optan por asegurar y aumentar los controles alimentarios. Pero por muchas medidas que se puedan tomar, y como hemos visto también con las dioxinas, gripe porcina o vacas locas, las crisis alimentarias son insalvables, y las acabamos pagando la población consumidora (que puede enfermar) y la productora (que puede perderlo todo).
Las dimensiones del problema también las hemos de tener en cuenta. Una partida de alimentos industrializados afectada de algún problema de salubridad son miles y miles de unidades contaminantes, aumentando mucho la dispersión y alcance del brote o epidemia.
Por último en Alemania, donde se ha podido percibir cierta descoordinación entre sus autoridades, han obrado tajantemente bajo el principio de precaución, impidiendo el consumo del pepino y otras hortalizas… por lo que pudiera ocurrir. El mismo principio que en cambio siempre queda relegado en otros riesgos alimentarios no agudos pero si a largo plazo, como por ejemplo el consumo de alimentos transgénicos o las nuevas prácticas de nanotecnología. Pareciera que las multinacionales que controlan el sistema alimentario tienen lazos muy estrechos con las autoridades sanitarias que a ellas sí les permiten campar, acampar y cultivar a sus anchas.
A partir de estas reflexiones y otras que se podrían añadir, parece lógico proponer que las medidas políticas en agricultura y alimentación se dirigieran más a revisar el modelo en sí mismo. No podemos resolver estas crisis con más puntos de control, con más tecnología; es un camino equivocado y sin salida. Sin embargo, como dice la Dra. Marta Rivera «la Soberanía Alimentaria, que apuesta por la relocalización de los sistemas agroalimentarios y por modelos de producción campesinos, podría (además de alimentar a toda la población) incrementar también la seguridad alimentaria. Por un lado, los alimentos serían adecuados al contexto cultural, por otro lado, la agricultura campesina, desde el enfoque de la agroecología, favorecería la producción de alimentos sin tóxicos, disminuyendo el riesgo de consumir alimentos contaminados y socialmente justos. Así mismo, el acortamiento de la cadena alimentaria y la reducción del número de intermediarios y transformaciones sufridas por los alimentos disminuyen los puntos críticos en los que los alimentos pudieran ser contaminados».
Y los beneficios quedarían en manos campesinas. Las alarmas sólo servirían para despertarles por la mañana, si el gallo se olvidara de cantar.

Gustavo Duch. Autor de LO QUE HAY QUE TRAGAR. Coordinador de la revista SOBERANÍA ALIMENTARIA, BIODIVERSIDAD Y CULTURAS.

martes, 17 de mayo de 2011

Graneros del mundo

La Jornada de México. Gustavo Duch. 17 de mayo de 2011 Si son tan amables, lean con atención estos párrafos que tomo prestados de un diario:
«El 8 de mayo más de un millar de vecinos y vecinas, indignados todos ellos y ellas salieron a la calle ante lo que consideran un nuevo atropello para su territorio. Perfiles de personas mayores, jóvenes que animan el acto reivindicativo a golpe de cacerolas y tambores, nuevos rostros de personas que han decidido volver al campo, padres de la mano de sus niños y niñas que no quieren que recojan el testigo de una tierra desolada; todos y todas indignadas por una de las últimas operaciones planificadas, con el beneplácito de las Instituciones de nuestra tierra, para dar cobertura legal a una empresa que pinta de negro el futuro de nuestros campos y de nuestros pueblos. La indudable pretensión de autorizar la construcción de una mega-incineradora.
«Los mensajes de los organizadores de la manifestación y en representación de las personas movilizadas no pudieron ser más claros. -Esta es una tierra olvidada, de la que nunca se acordaron cuando llegó la era del desarrollo. Y ahora, que las zonas desarrolladas no saben dónde ubicar su basura, quieren que nosotros aceptemos que se queme en nuestra tierra; asumiendo las nefastas consecuencias sobre la salud y sobre nuestra escasa economía, basada exclusivamente en la calidad de nuestro medio ambiente. ¡Ubicar aquí esta incineradora es decir adiós al futuro de nuestra comarca, es potenciar la despoblación que ya vivimos, es una injusticia social! Eso es lo que hoy venimos a denunciar: ¡la injusticia! y nuestro derecho a buscar un desarrollo sostenible para nuestro territorio, un camino que se amolde a nuestro entorno, que le haga evolucionar, sin arrancar nuestras raíces».
Como han llegado hasta aquí con la lectura, primero muchas gracias. Segundo, supongo que se preguntaran dónde ocurre esto. ¿Ghana, actual chatarrería para los electrodomésticos europeos? ¿Territorios rurales de México dedicados a la instalación de las industrias más contaminantes? ¿O les viene a la memoria la reciente noticia de los planes de Japón y EEUU de llevar sus residuos nucleares a Mongolia?

Efectivamente podría ser uno de esos lugares, lugares que tienen todos un elemento común: se encuentran en el Sur global, en la espalda del mundo, oprimidos debajo de los grandes, al servicio de las urbes, las metrópolis y las industrias: los Sures Rurales, repartidos por todos los puntos cardinales. Como es Tierra de Campos, «la comarca que fue el granero de España, hoy sólo es el granero de los bancos y de las transnacionales agroalimentarias. De ella se ha extraído casi todo: nuestras gentes, nuestro dinero, nuestro patrimonio, nuestra cultura, para desprestigiarla y arrinconarla en fríos museos etnográficos. (…) Sólo nos traen la mierda (futuros cementerios nucleares, incineradores, etc.) y las mentiras. Mentiras, y mentiras de nuestros representantes públicos, que siguen planificando nuestras vidas sin contar con nosotros y nosotras». Así lo explica uno de sus campesinos, (campesinos dice el diccionario, aquel originario de Tierra de Campos), Jeromo Aguado.

Como él nos recuerda pareciera que la llamada urgente que Stephane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hacía a la ciudadanía : ¡INDIGNAOS!, a los sures rurales y maltratados, a los graneros del mundo extenuados, ya llegó: «¡ESTAMOS INDIGNADOS!», claman.

Gustavo Duch Guillot, Coordinador de la revista SOBERANÍA ALIMENTARIA, BIODIVERSIDAD Y CULTURAS y autor de LO QUE HAY QUE TRAGAR.

martes, 10 de mayo de 2011

Las manos

Galicia Hoxe, 11 de mayo de 2011. Gustavo Duch

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define el término rural como ‘Inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas’. En contraposición, se refiere al término urbano como ‘Cortés, atento y de buen modo’.

El cacique se levantó. Estaba rodeado de todas las personas del clan. El clan de los Urbanos. Estaban atrapados, en la encrucijada, no más podían demorar la decisión. -Tomemos un nuevo camino, ¿cuál? ¿Por dónde? ¿Hacia dónde? ¿Para llegar a? ¿Con quiénes? – preguntó.
Las familias ya no cultivaban la tierra. Habían delegado la producción de alimentos a empresarios que con modernos métodos de cultivos –explotaciones, les llamaban- habían estrangulado todos los recursos naturales. A los pocos años, poco quedaba para comer, y menos quedaba que fuera comestible. Tanto gastaron y tanto despilfarraron que montañas de residuos, emitiendo gases pestilentes, les impedía respirar con regularidad. El oxigeno que llegaba a sus venas, y el agua que bebían en sus vasos, estaban infectados, y así, sus cuerpos enfermaban.
Habían perdido todo el control. El cacique y su asamblea de ancianos, ya no regulaban, no tenían poder. Habían entregado a las manos de una gran mano invisible su libertad. Todo tenía dueño, amo o gestor. También los saberes eran mercancía para esas manos invisibles, frías, atentas, cortesanas y aplastadoras. Y a todo eso le llamaron crisis.
El decidor, el hablador, el que cuenta, el que sabe de otros clanes, se puso de cuclillas y tomó la palabra. -Allí, más cerca de lo que parece, conocí de otro clan. Son los Rurales. Desde hace años entendieron más que nosotras y nosotros. A nuestro lado son precursores, innovadores…casi que son futurólogos. Porque supieron que vendría y actuaron:
Cada familia entregó su blasón, los cosieron y hecho uno y multicolor proclamaron en rebeldía, su soberanía. Pactaron reducir, reciclar, reutilizar y ese ejercicio que les hacía más grandes, le llamaron, decrecer. Pensaron, repensaron y reaprendieron el arte de cuidar la tierra para producir alimentos. Le llamaron agroecología. Recuperaron a sus espíritus que les recordaron cuál era su mejor tesoro: sus manos. Tal vez toscas, pero manos palpables, que abrazan, que rodean, y –concluyó el hablador poniéndose en pie- calientes como el Sol.

martes, 26 de abril de 2011

Agricultura anticrisis

Público. 22 de abril de 2011. Gustavo Duch

El hambre, la peor y la más extendida de las pobrezas, cruel y paradójicamente nunca tuvo nada que ver con la falta de alimentos. En los últimos años, esta afirmación se presenta con su peor cara. Las crisis alimentarias –las subidas de precio de los alimentos básicos– han sido provocadas por la avaricia de personas, organizaciones y mecanismos que se dedican a la especulación con los alimentos. Unos negocios basados en la fabricación de escenarios de malas y pocas cosechas que, mientras consiguen que sus promotores recolecten grandes beneficios, hacen que para muchas familias desayunar, comer o cenar sea algo imposible, sobre todo en los países empobrecidos del Sur que dedican el 70% de sus ingresos a la necesidad de alimentarse.

Pero aun sabiendo que no es un problema de abastecimiento, pues disponemos de alimentos suficientes para todo el planeta –más de la mitad de las cosechas de cereales se dedican a piensos para animales y agrocombustibles; los descartes de la pesca rondan el 40%; sólo en Europa en la cadena de producción, suministro y consumo de alimentos, se desperdicia hasta un 50% de los alimentos; y otros datos que señalan el mal uso y desperdicio de los alimentos–, es necesario revisar qué modelo de agricultura puede ayudar a revertir la situación.

Las características que debemos demandarle a esta agricultura son tres: que tenga capacidad productiva suficiente para la población actual y futura; que sea respetuosa con el medio ambiente y con el uso de los recursos naturales, es decir, que sea sostenible; y que genere el suficiente sustento nutritivo y económico para las personas que la producen, porque es precisamente la población campesina quien más sufre pobreza, en una crisis antigua y estructural.

Como pudimos escuchar el pasado 17 de abril, Día de la Lucha Campesina, los movimientos campesinos defienden con contundencia y perseverancia, frente a la agricultura industrial (la que imita los procesos industriales y fabriles), una agricultura inspirada en la naturaleza: la agroecología. Sus bondades más evidentes (adaptabilidad a diferentes ecosistemas, bajo uso del petróleo, poca contaminación, defensa de la biodiversidad, mejor calidad, etc.) casi nadie las discute. En cambio, siempre se la acusa de ser una agricultura bucólica, romántica e incapaz de producir lo suficiente. Un mito en el que la industria agrícola ha invertido tanto que pareciera que las plantas sólo crecen regadas con productos químicos, los árboles sólo dan frutos si se las abona con fertilizantes sintéticos y las vacas sólo dan leche si se las alimenta con soja.

Pero tenemos fundamentos para afirmar que esto no es así. El más reciente llega del relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas, que presentó ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra su informe “La Agroecología y el Derecho a la Alimentación”, elaborado a partir de las investigaciones más relevantes en estas temáticas de los últimos cinco años, donde se ratifica que “la agroecología puede duplicar la producción alimentaria entre cinco y diez años en regiones donde reina el hambre”.

Para llegar a esta conclusión el informe presenta diferentes estudios y experiencias donde se han aplicado variadas técnicas basadas en la perspectiva agroecológica. Por ejemplo, destaca el estudio realizado por el profesor de la Universidad de Essex (Reino Unido) Jules Pretty en el que se compararon los efectos de la agroecología en 286 proyectos distribuidos en 57 países empobrecidos, englobando en total una superficie de 37 millones de hectáreas, es decir, una superficie muy significativa. Pues bien, los resultados muestran un aumento medio de la cosecha del 79%. O el estudio encargado por el Proyecto de Previsiones del Gobierno del Reino Unido sobre el Futuro de los Alimentos y la Agricultura Mundiales, que examinó otros 40 proyectos en 20 países africanos en los que se impulsó la agroecología durante la década de 2000. En ellos, el rendimiento medio de las cosechas, sólo entre tres y diez años, se duplicó holgadamente. Es decir, una familia campesina, con técnicas muy sencillas, ecológicas y autónomas (por ejemplo, incorporación de peces en los arrozales de regadío, barreras de piedra para mejorar la humedad del suelo, integración de la ganadería con la agricultura, cultivos repelentes de insectos, utilización de leguminosas para fijar nitrógeno y muchas otras) puede ver en poco tiempo más que duplicados los alimentos que puede consumir o llevar al mercado.

Con tales evidencias, y con los problemas que genera la agricultura intensiva, es preciso revisar dos planteamientos urgentemente. Por un lado, en los países más empobrecidos se ha de favorecer la propagación de esta agricultura, creando el entorno propicio –como dice el relator–. Las estrategias nacionales deben incorporar la agroecología como el motor fundamental de su producción de autoabastecimiento, y para ello se debe reorientar el gasto público en agricultura, actualmente centrado en agricultura para la exportación, y apoyar todas las estrategias participativas (por ejemplo los programas “de campesino a campesino”) que permiten la difusión más eficiente de este nuevo enfoque.

Y por otro lado, ¿no deberíamos en los países industrializados, con megagranjas de gallinas y cerdos en clausura, con monocultivos de trigo u olivares, y por lo tanto de pueblos desiertos, de huertas abandonadas, de un campesinado inexistente o envejecido… y paisajes artificiales, revisar –a vista de los resultados presentados– nuestro propio sistema agrario y alimentario?

Gustavo Duch es coordinador de la revista ‘Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas’

ILustración de Jordi Duró

lunes, 18 de abril de 2011

GIRO DE LA POLÍTICA DE TRANSGÉNICOS

El único país de Europa que apuesta claramente por el cultivo de
transgénicos, España, pegará un golpe de timón en los próximos meses. El
Gobierno prepara un registro obligatorio de parcelas cultivadas con maíz
modificado genéticamente en el que los agricultores se tendrán que apuntar
siempre antes de sembrar y mediante comunicación formal y expresa, según
la hoja de ruta del Ejecutivo en materia de transgénicos, a cuyas
conclusiones ha tenido acceso Público.
 
El documento asegura que "el Gobierno no incentivará el cultivo de
transgénicos", aunque en la práctica lo desincentivará. Los propietarios
de las tierras tendrán que comunicar en qué parcelas exactas plantan
transgénicos, de qué tipo son y "las medidas adoptadas en cada cultivo
para evitar contaminación externa". La creación de esta lista negra de
agricultores transgénicos, con un indudable poder disuasorio, se
concretará mediante un real decreto antes de que termine la legislatura.
 
Los agricultores tendrán que retratarse ante la opinión pública
 
Una plaga que causa estragos
La ministra Rosa Aguilar cambia así el paso marcado por su predecesora al
frente del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena
Espinosa, que siempre apoyó el cultivo de transgénicos en España. Aguilar,
en cambio, defendió el programa electoral antitransgénicos de Izquierda
Unida hasta que abandonó la formación para entrar en la Junta de Andalucía
con los socialistas. Recién nombrada ministra, en diciembre de 2010, la
exalcaldesa de Córdoba aseguró en una entrevista con este periódico que
comía transgénicos "sin problemas".
 
En España se plantaron en 2010 unas 76.000 hectáreas de maíz con genes
alterados en laboratorio, casi una cuarta parte del total del maíz
nacional. Estas plantas modificadas genéticamente son resistentes a una
plaga que causa estragos en Aragón y Catalunya: los llamados insectos del
taladro o barrenadores del tallo. Cuando estos bichos mordisquean el
tallo, una proteína tóxica para ellos paraliza su sistema digestivo y
mueren.
 
El propio Ministerio afirma que estos alimentos no son perjudiciales
 
A partir de la entrada en vigor del real decreto, los agricultores que
quieran sembrar esta variedad resistente al taladro, desarrollada en
origen por la multinacional estadounidense Monsanto, tendrán que
retratarse en el registro y exponerse a la opinión pública. Según el
último Eurobarómetro, de 2010, sólo el 35% de los españoles apoya el
cultivo de organismos transgénicos. En 2002, el porcentaje alcanzaba el
61%. El temor de los ciudadanos es tal que el maíz sólo se dedica al
consumo animal, porque ninguna empresa se ha atrevido a comercializarlo
para las personas. Sin embargo, la misma encuesta revelaba que en el país
de Europa con mayor superficie sembrada con transgénicos uno de cada
cuatro ciudadanos no ha oído hablar nunca de esta tecnología.
 
Sin incentivos
El creciente rechazo de los españoles a los transgénicos no se corresponde
con ninguna evidencia científica que indique peligro. El propio Ministerio
explica en su página web que "no existe ningún estudio científico que
demuestre que estos alimentos sean perjudiciales para la salud". La
industria siempre ha esgrimido esta ausencia de riesgos para rechazar la
creación de un registro de parcelas cultivadas con maíz modificado. La
propia existencia de una lista negra ya siembra dudas sobre su seguridad,
argumentaban.
 
En la actualidad sólo se conoce el número de hectáreas por autonomía
 
Las organizaciones antitransgénicos, como Greenpeace o Amigos de la
Tierra, sí reclaman desde hace años la creación de un registro público,
como según ellos exige la legislación europea. Hasta la fecha, el Gobierno
español había interpretado esas directivas de otra manera y sólo ha
publicado el número de hectáreas transgénicas en cada comunidad autónoma,
sin decir dónde se encuentran exactamente. En España no hay nada parecido
a un registro. La superficie sembrada se calcula en función de las ventas
de semillas modificadas genéticamente declaradas por las multinacionales.
 
La actualización del nuevo registro central será responsabilidad de las
comunidades autónomas, según la hoja de ruta del Ejecutivo, que buscará
"el máximo grado de consenso y participación de los sectores". El
documento también señala que "el Gobierno de España no irá a más en primas
e incentivos al cultivo de transgénicos", aunque en la actualidad no hay
recompensas económicas para el cultivo de transgénicos, más allá del
ahorro en insecticidas contra la plaga del taladro.
 
Tres Españas
El discurso del Gobierno ha cambiado por completo. En los papeles del
Departamento de Estado de EEUU revelados por Wikileaks aparecía el
secretario de Estado de Medio Rural y Agua, Josep Puxeu, pidiendo al
embajador estadounidense presión en la UE a favor de los alimentos
transgénicos. Pese a su supuesta seguridad absoluta, Austria, Francia,
Alemania, Grecia, Hungría y Luxemburgo han prohibido su cultivo. Sólo
España, la República Checa, Portugal, Rumanía, Polonia y Eslovaquia
plantan organismos modificados genéticamente en la UE. Y, dentro de ellos,
España cultiva aproximadamente el 80% del total europeo.
 
Ahora, el Ejecutivo parece sospechar. "Las autoridades científicas deben
mantener un seguimiento continuado de la evolución y consecuencias de los
cultivos, y las autoridades de gestión, tanto nacionales como regionales,
deben acentuar el seguimiento y control de los cultivos", asegura el
documento.
 
Si se confirman las trabas burocráticas a los transgénicos en nuestro
país, la UE se quedará definitivamente descolgada del ritmo de los grandes
países americanos y algunos asiáticos, como India y China. Si se trajeran
a España todas las hectáreas de tierra cultivadas con transgénicos en todo
el mundo en 2010, habría que recorrer el país desde Huelva hasta Girona y
desde Cartagena hasta A Coruña atravesando un tupido campo de mazorcas de
maíz, hilachas de algodón y granos de soja con sus genes modificados en el
laboratorio. Y todavía faltarían otras dos Españas.
 
El año pasado, la cifra de transgénicos plantados en el mundo rozó por
primera vez los 1,5 millones de kilómetros cuadrados. El 80% de la soja
que se planta en el planeta ya es transgénica. Y el 65% del algodón. Y el
30% del maíz.
 
La UE, voluntariamente, se ha quedado fuera de este boom. En 1998,
Bruselas aprobó el cultivo del maíz con genes modificados por la
multinacional estadounidense Monsanto para ser resistente a la plaga del
taladro. Desde entonces, nada. La UE sólo aprobó en 2010 una patata
transgénica de la química alemana BASF, cuyo uso será residual, para
obtener almidón para las industrias del papel, textil y de adhesivos.
 
Casi la mitad de todo lo plantado se encuentra en EEUU. Y el resto se
reparte entre Brasil, Argentina, India y Canadá. El primer país europeo en
esta lista es España, en el puesto 16, según el último informe del
Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones
Agrobiotecnológicas. Además de cultivar maíz, España lo importa de EEUU y
Argentina, igual que la soja y la colza transgénicas, cuya siembra no está
autorizada en nuestro país.
 
 

miércoles, 13 de abril de 2011

AGRICULTORES, ECOLOGISTAS Y CONSUMIDORES SE MOVILIZAN CONTRA LOS TRANSGÉNICOS

12 de abril de 2011
Tercera Semana de Lucha contra los Transgénicos


El cambio de discurso de Rosa Aguilar no varía la actitud de su Ministerio que sigue favoreciendo a las empresas de los transgénicos

Frente a la defensa de los intereses de las multinacionales que sigue representando el Gobierno de España. Agricultores, ecologistas, consumidores y un nutrido grupo de organizaciones de la sociedad civil [1] presentan la Tercera Semana de Lucha contra los Transgénicos, en la que animan a la sociedad española a que muestre un año más su rechazo a los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) y a que participe en el conjunto de actividades que se desarrollarán por todo el país, entre las cuales habrá protestas, acciones informativas y reivindicativas en la calle, en supermercados, en campos, conferencias y charlas, proyecciones de películas, debates y reuniones con agentes sociales [2].

Tras protagonizar en abril de 2009 en Zaragoza y abril de 2010 en Madrid las dos mayores protestas contra los transgénicos que se recuerdan en Europa, la situación en España no ha cambiado nada. En 2010, en España se sembraron alrededor de 70.000 hectáreas de maíz transgénico comercial, y la mitad de los ensayos experimentales al aire libre con estos peligrosos cultivos en la Unión Europea. Todo esto en una situación de absoluta falta de transparencia y control. Frente a esta posición, países como Francia, Alemania, Austria, Grecia, Luxemburgo, Irlanda, Polonia, Hungría o Italia han puesto freno a los transgénicos en su territorio. España se mantiene como por tanto como el único país de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala.

En diciembre de 2010 las revelaciones de Wikileaks demostraron que la política sobre los transgénicos del anterior equipo del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino (MARM) estaba dictada por los intereses de EEUU y sus multinacionales. Recientemente la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Rosa Aguilar, ha anunciado que “desde el Gobierno no queremos ir a más en cuanto a la producción de transgénicos”. Un importante mensaje teniendo en cuenta la realidad de estos cultivos en España, que sin embargo no ha calado entre los miembros de su Ministerio, que continúan la tónica iniciada por los Gobiernos del PP y continuada por Elena Espinosa de abierta colaboración con la industria de los transgénicos y falta de participación pública real.

Los transgénicos no son la solución a los problemas del campo ni aportan nada positivo a los consumidores, al contrario, cada vez son más los datos científicos disponibles sobre los riesgos sanitarios de los OMG y de los agrotóxicos empleados en su cultivo.

La mordida

Galicia Hoxe. Gustavo Duch. 13 de abril de 2011
Eran los años de la posguerra, del hambre y el trapicheo. Pero eran sus años de infancia, no tenía otros y no podía escoger.
En el pueblo el futuro tenía un color muy apagado y como tantas otras familias marcharon hacia la capital, publicitada como el progreso y el desarrollo. Allí tampoco estaban fáciles las cosas, y aunque pareciera imposible, la vida se las ingenió para complicarse un poco más. No sólo faltaba el trabajo sino que faltaba la familia a la que acudir o el huerto que cultivar.
Se buscaron mil maneras de salir adelante hasta que atinaron con una que les permitió buenos años de trabajo: fueron comercializadores de proteína animal, de calidad y barata. Gracias a sus contactos se hacían traer huevos del pueblo, que de uno en uno, o de docena en docena, vendían en los barrios más humildes de la ciudad. Con la ayuda de Nano, el burro que tiraba del carro; y del carro que cargaba vendedor y huevos.
El día que el padre enfermó le pidió que se encargara  del negocio, que no era complicado, que tu deja que Nano te lleve, que él sabe de esto, que dónde se pare allí será que tienes que bajar a entregar los huevos y cobrar. Que no tendrás problema -fue todo lo que le explicó.
Así, de la noche a la mañana dejó la infancia para convertirse en empresario de la agroindustria. Con un burro como maestro y un carro como tecnología.
Todo parecía salir como le habían indicado. En los subes y bajas del barrio de el Polvorín, Nano ejercía perfectamente su papel. Frente a las puertas donde el burro se detenía, siempre salía una señora o un señor interesado en su mercancía. Eran ventas concertadas y aseguradas.
Frente a una casa -que también hacia las veces del comercio para el barrio- el burro se paró, y apareció el dueño interesado en 10 docenas de huevos. Rápidamente se cerró el trato. Pero Nano no arrancó su marcha habitual.  Tozudo y emburrado no quería moverse, mientras en el dintel del comercio-vivienda, el comprador de huevos no podía dejar de sonreír.
-Tu socio espera su ‘margen comercial’ -dijo mostrando una zanahoria en su mano. Eran tiempos de ‘mordidas’, de estraperlo alimenticio. Pero todo ha cambiado, y ahora, las mordidas son a gran escala, son especuladores profesionales, que de las zanahorias hacen oro. Por cada uno de sus mordiscos, miles de seres humanos se quedan sin comer.

miércoles, 6 de abril de 2011

Cuidado, llega una revolución

Revista Integral. Gustavo Duch. Marzo 2011
Desde muchos lugares del planeta están llegando informaciones coincidentes en una misma dirección: parece que se están moviendo piezas para generar un cambio muy drástico en el modelo agrícola actual. Si eso prospera muchas cosas se alterarán, se desorganizarán, pudiendo ser el principio de una revolución en este terreno, mucho más trascendental que aquella llamada ‘revolución verde’. Así que todas aquellas personas que estemos preocupadas por el planeta y su supervivencia –que es la nuestra-, tendremos que estar atentas. Se ruega levanten las antenas y circulen la información que puedan recibir. Más que nunca hemos de saber qué se trama.
Las primeras noticias a las que yo he tenido acceso hablan de una agricultura que produce más comida por hectárea que la agricultura industrial, que tanto nos está alimentado. ¿Será posible aumentar esos índices? Si así fuera, tendríamos un asombroso efecto: podría significar mayor autosuficiencia y mejores ingresos para las familias, pueblos y países que practiquen esta renovada agricultura, lo que llevaría a la ruina o la casi desaparición de las corporaciones de la alimentación. Las pocas y grandes empresas que se han mantenido en los primeros puestos de venta (y control) de las semillas, genética animal, fertilizantes, pesticidas… no podrán competir contra un agricultura que –dicen- es funcional con semillas autóctonas y tradicionales, recuperando y revalorizando razas autóctonas más fuertes y rústicas, que no utiliza química para sus labores y, ¡magia potagia! no depende del petróleo.
Se ha filtrado también que detrás de esta agricultura están las y los pequeños campesinos. Que son ellas y ellos los impulsores, pero como bichos raros que son, no tienen problema alguno en compartir, enseñar y ceder su saber. Es decir, puede ser [y será], el fin de una hegemonía que tiene sedes y poltronas en las universidades, en las escuelas técnicas o en los institutos de investigación.
Algunas prestigiosas organizaciones especializadas en analizar los impactos de la agricultura, pesca, ganadería…en fin, todo el sistema alimentario actual, -de escondidas o disimulando- han analizado esta forma de producir y distribuir alimentos, llegando a dos conclusiones, de nuevo, colosales. Por un lado han corroborado que  «mientras el modelo alimentario global actual es responsable de más de la mitad de emisiones de CO2 que asfixian la atmósfera», ésta otra se maneja con métodos y procesos capaces de almacenar más CO2 del que emiten. Vamos, una agricultura, que abre las ventanas y enfría el planeta además de ser mucho más adaptable a los venideros cambios climáticos.
Y por otro, han podido estudiar que al igual que la agricultura industrial o convencional con sus excesos químicos, hormonales y artimañas varías, tiene efectos preocupantes sobre la salud de quienes trabajan con ella y de quienes nos alimentamos de ella, esta agricultura revolucionaría sólo es rica en calidad, frescura y salubridad.
¿Será por todo esto que quieren ocultarla, desprestigiarla y boicotearla? La agroecología, que así se la conoce, sabe de virtudes muy poco apreciadas por el paladar capitalista: reduce el consumo de agroquímicos, conserva y difunde material genético y depende del saber campesino. Nada con lo que enriquecer bolsillos.
Ya lo saben, que corra la voz, y estemos preparados. Nos incumbe.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿Con la OMS , para que queremos guerras?

marzo 9, 2011 por joseppamies

Siempre las guerras, han servido:

–Para imponer unos caciques cada día mas poderosos, por encima de otros.

–Para dirimir que ideología o religión seria la dominante

–Para evitar una sobre población del Planeta.

–Para reactivar economías , reconstruyendo lo que las guerras han destruido

¿Para que las necesitamos ahora en pleno Siglo XXI , teniendo una Industria Farmacéutica y su organo rector la OMS, que cumplen a la perfección con todos los objetivos de la Guerra?

Hemos conseguido con la colaboración sumisa de la Sociedad, tener un cacique mundial denominado OMS ( Organización Mundial de la Salud), no sujeta a ningún control democrático.

Recordemos que la OMS, dependiendo orgánicamente de la ONU (organismo en el que unos pocos países tienen derecho a veto) y no siendo ninguno de sus miembros elegido democráticamente, nos dicta que podemos comer (Codex alimentario) , que vacunas y que medicamentos tomar y que plantas medicinales prohibir.

La OMS financiada en un 80% con el dinero de la Mafia Farmacéutica (que por cierto pagamos entre todos cuando compramos sus medicamentos), compra voluntades de nuestros gobernantes. Gobernantes que teóricamente hemos votado, desprovistos, gracias a la OMS , de toda libertad para decidir sobre que política real alimentaría y de salud tomar.

La OMS ha conseguido que independientemente de si un País profesa islamismo, cristianismo, budismo, hinduismo, etc. o laicismo (todos los ismos significan doctrina o sistema) , obedezcan sin rechistar lo que unos descerebrados maquinan continuamente, en este peligroso y antidemocrático organismo denominado OMS.

La OMS con “resignación” nos dice, que en los próximos años, 80 millones de personas morirán de cáncer http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2010020609 , en una progresión escandalosa de la enfermedad claramente provocada por los empresas farmacéuticas que financian la OMS, con sus aditivos químicos , transgénicos y pesticidas agrícolas.

También nos cuenta que actualmente mueren a causa de la diabetes mas de 3 millones de personas al año http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs312/es/index.html y no hace nada por reconocer y autorizar tratamientos naturales efectivos como la Stevia.

La OMS y la industria farmacéutica que la financia, cada año deja morir de Malaria entre 2 y 3 millones de personas, la mayoría de ellos niños africanos y recomienda no utilizar de forma natural y gratuita un tratamiento efectivo de una planta de uso milenario en China, la Artemisia Annua, http://www.anamed.org/Spanish_Home/Te_de_Artemisia_annua_-_una_re/te_de_artemisia_annua_-_una_re.html

Una planta que los propias poblaciones afectadas se podrían cultivar sin ningún coste.

En cambio incentiva a Novartis-Syngenta para que extraiga un antibiótico de dicha planta, a Bill Gates para que la sintetice químicamente y la patente , e impide a la vez al Dr. Patarroyo desarrollar su vacuna gratuita.

¡¡¡¡ Para que necesitamos Guerras si la OMS y la ONU ya hacen su función de evitar la superpoblación ¡¡¡¡¡.

Las Guerras del Siglo pasado además también sirvieron para reactivar economías. Destruir para volver a reconstruir, ha estado siempre un negocio.

Pero para que las queremos ahora si las maquinas de matar actuales , petrolíferas, aditivos alimentarios y farma-industria, son sectores que no padecen la crisis y ven aumentar sus beneficios de forma descarada, matando legalmente.

“Gracias” sobre todo a la farma-industria (Insecticidas, fungicidas, herbicidas, aditivos alimentarios, fármacos….) , la sociedad está enferma, el producto interior bruto crece y pueden “contener” el desempleo .

Irónicamente podemos decir , que todos ganamos gracias a la enfermedad y si no estuviéramos enfermos, el mundo se hundiría mas a nivel económico y las guerras destructivas de bienes inmuebles y de seres humanos volverían a ser necesarias.

Por nuestro bien parece ser que hay que morir antes de tiempo de una forma u otra, o no disfrutar de una vida con plena salud..
Podemos escoger entre esos dos modelos diabólicos impuestos :

GUERRA O ENFERMEDAD.

O emprender la vía de la Desobediencia y caminar hacia un nuevo modelo de No enfrentamiento , pero si de reequilibrar nuestras vidas no haciendo caso de los consejos de la OMS ni de sus títeres (los responsables políticos de salud de cada país).

Cerremos las televisiones o evitemos su publicidad y los programas basura y salgamos al campo a buscar en lo natural nuestro equilibrio físico, emocional y económico.

Las plantas y los animales en libertad nos dan lecciones continuamente de cómo sobrevivir sin tanta ciencia prostituida, utilizada en buena parte, para dominar de forma fascista la Humanidad.

¿ Porque el cerdo ibérico en libertad no nos produce al comerlo colesterol del “malo”?

Porque en cambio los pobres perros en cautividad en nuestros hogares, reproducen las mismas o parecidas enfermedades que nos aquejan a nosotros los humanos?

Porque de momento vivimos en una sociedad cautiva y desinformada y no disfrutamos ni tan siquiera de la salud que disfrutan los cerdos ibéricos gracias a su libertad, buena comida y ejercicio al sol.

miércoles, 9 de marzo de 2011

LOS EXCESOS

La expansión de la caña de azúcar, es decir, el tirón europeo hacia los agrocombustibles, es la causa más significativa de la deforestación en Brasil.

El Correo Vasco. Gustavo Duch. 27 de febrero de 2011
Imagino a esos guerreros portugueses encasquetados cruzando las selvas sudamericanas en busca de dorados metales. Atravesando ríos cual mares, sufriendo ataques de bestias nuevas, abriéndose paso por selvas a machetazo limpio… Con los ojos puestos en todos los rincones. Mirando los cielos en busca de una señal, buscando resplandores en las cimas de las montañas…. Y hoy, siglos después, sabemos dónde estaba el Dorado anhelado: exactamente bajo las botas de aquellos arrogantes caballeros. Porque son los suelos del Cono Sur de América la mayor fuente y provisión de combustible para alimentar los excesos del capitalismo, sus fauces, ejemplarizados en el fast food. Es decir, las locuras de consumir mucho, tragarlo todo y rápido, sin dejar que el tiempo se tome sus pausas. Combustible para las grasas, combustibles para las máquinas y -mientras tanto- el pensamiento paralizado.

En Brasil lo saben -y lo explotan- bien. A base de cultivos de soja (con su harina se engordará animales de granja y con su aceite se producirá mucha bollería), de cultivos de caña de azúcar (que dará lugar al etanol para los biocombustibles) y la cría de ganado. Solo pensando en la relación Brasil-Europa advertiremos las dimensiones de esta tripleta. Brasil se han convertido en el cuarto suministrador de carne de vacuno para Europa, con más de 250.000 toneladas en 2009; un tercio de sus tremendas producciones de soja las compra Europa; y ha conseguido colocar en Europa un cuarto de todas sus exportaciones de etanol.

Pero esta insaciable demanda de carne, piensos y agrocombustibles europea sólo deja provechos a las grandes corporaciones brasileñas y el capital internacional asociado. Al resto de población (y al planeta en su conjunto) le reporta una continua destrucción de la selva Amazónica y el Cerrado, con las consabidas repercusiones para el clima, la biodiversidad y las miles de personas que, persistentes, siguen habitando esos lugares.

Un reciente informe de Amigos de la Tierra desvela que, en los últimos años, es la expansión de la caña de azúcar -es decir, el tirón europeo hacia los agrocombustibles- la causa más significativa de la deforestación en Brasil, superando los terrenos que la soja y la ganadería roban anualmente a los bosques y selvas. Pero, más allá de posiciones, lo preocupante del informe son sus previsiones, pues indica que la producción de estas tres materias primas continuará creciendo sin que la legislación brasileña tenga la valentía de poner al agronegocio en el sitio que se merece. En la recámara.

Los argumentos de políticas extractivistas como la brasileña (con y sin Lula), ya los conocemos, y son los mismos que defienden los lobbies del agronegocio y las instituciones neoliberales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial: satisfacer la demanda europea reportará divisas para el desarrollo del país. Pero ni las miles de familias campesinas sin tierra que viven en improvisados campamentos, ni la salud del planeta se nutren de divisas y dividendos. Así pues, por nuestra parte, debemos hacer inviable su excusa. En la medida que nuestras políticas, con la Política Agraria Común como eje central, apuesten por nuestra propia soberanía alimentaria, abriremos espacios a nuevas formas de entender la agricultura también en los países del Sur.

martes, 8 de marzo de 2011

Soberanía Alimentaria

Las causas del aumento de precios y de la crisis alimentaria en el mundo


Soberanía Alimentaria - Soberanía Alimentaria Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile. Militantes del MST y de la Vía Campesina

En las últimas semanas han circulado diversos artículos y comentarios sobre la crisis del aumento de los precios de alimentos. La mayoría de los análisis son buenos. Aunque algunos quedan atrapados en la visión economicista de la oferta y demanda. O de algún problema de sequía o inundación en algún país, que de hecho no son la causa del aumento de precios de los alimentos.
Dentro del MST y de la Vía Campesina hemos producido buenos análisis, y no está demás reforzarlos. Por eso estamos compartiendo con Uds. nuestra opinión, como una especie de resumen sobre las causas del incremento de precios de los alimentos y de la crisis alimentaria que afecta a millones de seres humanos, más allá de los mil millones de hambrientos que ya pasan hambre todos los días, según la FAO.

1.- El control oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción.

2.- La especulación de grandes inversores en las bolsas de mercancías agrícolas ha convertido a los alimentos en meros papeles de negocios. Se comenta en los periódicos que ya están vendidas en las bolsas Guardar las próximas siete cosechas de soya del mundo. Éstas ya tienen dueño, como títulos de ventas.
 3.- La especulación financiera: muchos bancos invierten sus capitales volátiles en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general.

4.- La producción agrícola de agrocombustibles, que tiene sus precios basados en el petróleo, termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura hacia arriba. Y así, debido al elevado precio del etanol, suben todos los productos agrícolas.

5.- El elevado costo de transformar millones de toneladas de cereales en proteína animal. O sea, las élites demandan cada vez más carnes, y por eso parte de la producción de vegetales, que podría ser consumida por la población, va para los animales y, por tanto, acaba incidiendo en el aumento del precio de las carnes.

6.- Las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, que los transfieren al control de las empresas transnacionales, también repercuten en el incremento de costos en el precio final.

7.- Las legislaciones ambientales de sanidad y certificados de patentes, implementados en el periodo de los gobiernos neoliberales para favorecer el control oligopólico de algunas empresas sobre la mayoría de los productos que exigen transformación industrial, les da poder para imponer precios.

8- La regla general impuesta por la OMC (Organización Mundial del Comercio) a partir de 1994, que transformó los alimentos en meras mercancías, que deben ser reguladas sólo por el mercado. Y como el mercado es controlado por las grandes empresas transnacionales, eso tiene efecto directo en el precio.

9- La introducción de la propiedad privada de las semillas transgénicas impone una nueva matriz tecnológica con costos de producción mayores y en beneficio de las mismas empresas que controlan el comercio, las semillas y los insumos agrícolas.

10. Hay una corrida de los capitalistas en general y de las grandes empresas hacia el hemisferio sur, para apoderarse de los recursos naturales: tierras, agua, lagos, reservas de madera, etc. y con eso van expulsando a las poblaciones nativas y los campesinos en general, e imponiendo la regla general del capital sobre los alimentos.

11- En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.

Como se ve, la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente. La soberanía alimentaria es la política de que cada pueblo, en su región, municipio y país, desarrolle condiciones para producir los alimentos que necesita para sobrevivir. Y que sólo exporte el excedente, y sólo importe lo que va más allá de su canasta básica en consonancia con sus hábitos alimenticios.

Además, todos los nutricionistas advierten que nuestra dieta alimentaria tiene que darse a partir de los alimentos producidos en los biomas donde vivimos. Eso es lo que garantiza energía saludable para la reproducción de todos los seres vivos, en su propio hábitat. Las empresas transnacionales están transformando el mundo en un único y gran supermercado, a base de soya y maíz.

Esperamos que las contradicciones que el movimiento del capital nos presenta cada día, nos ayude a conscientizar nuestra base y la sociedad en general, para los cambios necesarios, para un nuevo modelo de producción agrícola, en el Brasil y en el Mundo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Entrega más de 11.000 semillas de cultivos tradicionales a los a gricultores

Madrid Entrega más de 11.000 semillas de cultivos tradicionales a los
agricultores
 
Los agricultores madrileños pueden disponer de una gran diversidad de
variedades hortícolas que con el paso de los años y por la introducción de
híbridos comerciales, se han ido perdiendo.
 
07/03/2011. Fuente: Agroinformación
 
Los agricultores madrileños pueden disponer de una gran diversidad de
variedades hortícolas que con el paso de los años y por la introducción de
híbridos comerciales, se han ido perdiendo.
 
COMUNIDAD DE MADRID.-El Gobierno autonómico ofrece su apoyo y
asesoramiento al sector agrario madrileño, y por ello durante el 2010 puso
a disposición de los agricultores los recursos ofrecidos a través del
Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y
Alimentario (IMIDRA) y les entregó un total de 11.230 semillas de cultivos
tradicionales para mejorar sus plantaciones.
 
Gracias al trabajo investigador del Instituto Madrileño de Investigación y
Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA), los agricultores
madrileños pueden disponer de una gran diversidad de variedades hortícolas
tradicionales que, con el paso de los años y por la introducción de
híbridos comerciales, se han ido perdiendo.
 
Los mercados actuales demandan cada vez mayor calidad y exigen una oferta
diversificada, de forma que la conservación y el estudio de las variedades
tradicionales es fundamental, y por ello el IMIDRA cuenta desde el año
1995 con una colección de variedades de hortícolas y leguminosas
tradicionales de 153 tipologías diferentes.
 
El IMIDRA, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y
Ordenación del Territorio, entregó el pasado año más de 11.000 semillas de
estos cultivos tradicionales a los agricultores, principalmente de
tomates, judías y melones, pero también pimiento, cebolla o calabacín,
entre otros.
 
El sector agrícola supone una oportunidad de progreso económico para la
región, y por ello el Gobierno autonómico apoya a los agricultores a poner
en marcha sus proyectos y les asesora en materia de investigación,
contribuyendo así a generar empleo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Reflexiones sobre la industria agroalimentaria...

Ya sobre el punto de no retorno, estas reflexiones pasan de ser simples advertencias, pues apuntan a una de las contradicciones del sistema materialista economicista, que por sus incongruencias respecto de nuestra esencia vital, ha llegado ha poner en entredicho la vida misma a condición de lograr sus propósitos de acumulación de riquezas para unos pocos, desdeñando por supuesto que la vida misma es nuestra principal riqueza. Con seguridad, ya tenéis idea sobre muchos aspectos que aquí se tocan, más los datos y precisiones del autor son importantes para dar coherencia argumental a la hipótesis. No se requiere ser vegetariano al extremo, para comprender, aceptar y llegar a tomar medidas y decisiones en nuestra práctica diaria alimentaria compatible con lo que aquí se afirma; el problema se ha hecho global, pero algo puedes hacer desde tu propio hogar.


Las consecuencias de nuestra alimentación sobre nuestra ecología externa e interna.


I - Las consecuencias de la industria alimentaria.

Como decía Heráclito: « La salud del hombre es el reflejo de la salud de la Tierra ».

Estamos obligados a constatar que ambas están en peligro principalmente por nuestra forma de alimentarnos.

En efecto, hace falta tantos combustibles fósiles para fabricar la comida moderna, como para calentar las casas o propulsar los coches.

Hacen falta tantas materias primas para la alimentación industrial como para fabricar unos coches o unas máquinas.

Esta industria alimentaria usa 20 veces más agua que las familias: hacen falta 400 litros de agua por hora, durante las 24 horas, para satisfacer las necesidades alimentarias de una sola persona.

La producción de carne vacuna requiere 80 veces más agua que las papas y los plátanos fritos.

El ganado contribuye a la contaminación del agua mucho más que toda la industria y todas nuestras alcantarillas juntas

En Estados Unidos el problema de las deyecciones animales está cobrando unas proporciones enormes con las cantidades en juego. La industria de la carne en Estados Unidos produce 61 toneladas de estiércol, o sea 130 veces el volumen de las deyecciones humanas, o sea 5 toneladas por cada americano. Según la agencia de protección del medio ambiente, los cerdos, bueyes y pollos contribuyeron a contaminar 56 315 Km. de ríos en 22 Estados, y la capa freática en 17 Estados.

Un organismo microscópico, el Pfíesteria, que se alimenta de fósforo y nitrógeno presentes en el estiércol, es muy tóxico para el ser humano y los peces.

En 1991, mil millones de peces han muerto por el Pfíesteria en el río Neuse en Carolina del Norte. Desde 1995, una cantidad similar ha sido matada por el estiércol derramado en los estuarios y ríos de Carolina y los ríos de Maryland y Virginia que se desembocan en Chesapeake Bay. Esos fallecimientos pueden vincularse directamente con los 10 millones de cerdos criados en Carolina del norte y los 620 millones de aves de corral en la orilla sur de Chesapeake Bay.

En el Estado de Virginia, el nivel de coliformes fecales peligrosas para la salud está fijado en 200 por 100 mililitros de agua. En 1997, algunos ríos tenían tasas de hasta 424 por 100 ml.

De una producción de 50 millones de toneladas de antibióticos producidos anualmente en Estados Unidos, 20 millones van a los animales: 16 administrados a las aves de corral para que engorden más rápido, y para controlar las enfermedades procedentes de la crianza industrial, con unos animales hacinados en unos espacios restringidos:
anemia, gripe, diarrea, mastitis, neumonía, etc. 20% de los pollos son portadores de Salmonelosis y 80% se contaminan por Campylobacter en los mataderos y fábricas de transformación.
Las condiciones industriales de crianza enferman a los animales. Por ejemplo, un estudio demuestra que 80% de cerdos llegan al matadero con neumonía.

Se cuentan 5000 muertes y 76 millones de casos de intolerancia alimentaria cada año en los Estados Unidos.

Las Naciones Unidas informan que las 17 zonas pesqueras más importantes del planeta alcanzaron su límite o bien están en déficit y la tercera parte de toda la pesca va a la alimentación de los animales de crianza.

La producción, el transporte, la preparación y venta de los alimentos absorben unos 16.5% de toda la energía de los Estados Unidos, donde 75% de la alimentación tiene origen industrial.

Se calculó que bastaría con 5% de las superficies arables si toda
la población norteamericana adoptara la dieta vegetariana, esto en la
llamada agricultura biológica, sin productos químicos
artificiales. Entonces un programa de reforestación masiva podría
llevarse a cabo.

Cuando se trata de destrucción del medio ambiente y de golpes contra
la homeostasis planetaria por lo que ocurre en el Tercer Mundo, tan
sólo olvidamos de considerar que el Occidente lo mira cual
depósito natural práctico, y lo destroza sin el menor
escrúpulo.

Así es como 50 hectáreas de selva tropical húmeda desaparecen
del globo a cada MINUTO, para hacer carne y devolver deudas ficticias,
amenazando de esta manera el abastecimiento de la humanidad en oxigeno.

Cada bolita de carne para hamburguesa hace desaparecer 5 metros
cuadrados de selva tropical.

Por eso los vegetarianos dicen que la carne no sólo es un asesinato
sino un suicidio.

El desastre ecológico del abuso de carne no sólo atañe al
tercer Mundo.

« La desertificación del suelo al que debemos nuestra existencia
está en marcha tanto en Europa como en Estados Unidos. Para este
país por ejemplo, nombraremos algunos datos de un artículo
publicado en la revista mensual americana « The Atlantic » en
noviembre de 1989, bajo el titulo «Back to Edén», por Evan
Eisenberg.

Este artículo informa acerca de los análisis del geneticista Wes
Jackson, fundador de un «Land Institute» (Arkansas) donde
recomienda la abolición de la agricultura actual y el retorno a una
pradera de gramíneas salvajes.

El proceso evolutivo empezado hace 400 millones de años para llegar a
las especies actuales se ha invertido hace cerca de 10 000 años, con
la llegada de un modo de vida llamada « rural » . La reja del
arado, sin duda privó de porvenir a las generaciones futuras más
que la espada. La pradera vive de la renta de sus intereses, mientras el
trigal vive del capital.

En Estado Unidos, una tercera parte del humus ya desapareció, quemado
por la inundación química. En 1948 hacía falta 500 toneladas
de insecticidas para dejar a los insectos sólo 7% de las cosechas; 40
años más tarde, los insectos consumen más del doble, a pesar de
10 veces más insecticidas »

Todo eso para la carne, ya que 88% de la materia vegetal así obtenida
sirve para alimentar a los cerdos, bueyes, aves de corral.

Si 4 millones de campesinos americanos han dejado la tierra desde 1938,
sólo es para abandonarla a unas empresas de destrucción
agrícola cada vez más eficientes, que exportan sus métodos y
productos químicos, y hasta sus semillas tratadas por la
biotecnología, hacia el Tercer Mundo.

Añadamos que actualmente vemos regiones enteras sin agua potable, por
la contaminación con nitratos y estiércol, así como una
epidemia de encefalitis en los bovinos que ingieren residuos animales a
modo de comida.

Una sociedad enteramente nueva podría librarse del caos si las
opciones fundamentales apuntaran a una conducta vegetariana, o
sencillamente más vegetariana.

Ejemplos:

El mejor rendimiento alimentario por hectárea lo tienen las huertas.

En el borde de las carreteras se podrían plantar nogales y
castaños: una doble línea de árboles, en un tramo de sólo 16
kilómetros, ya correspondería a una superficie de 46
hectáreas.`

Los árboles frutales pueden servir para la reforestación, con las
mismas ventajas ecológicas de conservación de la capa de humus.

Un autor americano que quedó desconocido:

Bruno Schubert había publicado en 1967, en California, un librito
excelente, demostrando cómo un cambio alimentario de este tipo, junto
con una reforma económica allegada a las tesis de la economía
franca de Gesell o de la economía distributiva de Duboin, podía
transformar la sociedad y conducirla a una edad de oro.

Su titulo: « La supervivencia de la humanidad ». Desgraciadamente,
no es posible encontrarlo.

Cuando se sabe que, en la superficie de 5 terrenos de fútbol, 100
personas pueden vivir de semillas pero tan sólo 2 de carne vacuna, la
elección entre abuso de carne y vegetarianismo es la clave del
problema planetario y luego de la supervivencia de nuestra especie.

II - Del abuso de carne a la antropofagia del tercer Mundo por los
ricos.


Puede sorprender el titulo; pero sólo es el reflejo lapidario de una
realidad concreta y medible: El Tercer Mundo muere de hambre porque los
países ricos mueren de plétora.

Aparte de cualquier justificación sea sanitaria u otra, bastan las
constataciones siguientes para abrir los ojos y el corazón:

El ganado de los países ricos come tantos cereales como los Indios y
los Chinos juntos. En efecto, hace falta un promedio de 7 kilos de
alimentos directamente comestibles para el hombre, para obtener un solo
kilo de alimento de origen animal » (Sauvez votre corps, Dr.
Kousmine, p 215).

Un taller gigante de California con 100,000 bovinos consume 850
toneladas diarias de maíz, lo que podría alimentar a 1,7 millones
de africanos del este.

La mitad del agua de los Estados Unidos sirve para engordar el ganado,
o sea, 5 veces el consumo de la población del país, con 20 veces
más excrementos y 85% de pérdida de humus.

El problema del hambre en el mundo está falseado desde el origen, en
la medida en la que no se toma en cuenta un retorno eventual al
vegetarianismo.

Los países del Este de Europa compran en el mercado mundial unas cantidades ingentes de cereales (52 millones de toneladas en 1984 para el caso de la ex Unión Soviética), que sirven en gran parte para alimentar al ganado.

En los países industrializados occidentales, sólo el 22% de los
cereales se usan para la alimentación humana, mientras que en los
países en desarrollo la tasa es de 87%. Suiza importa anualmente 1,4
millón de toneladas de cereales, con 71% destinados a los animales de
carnicería.
Bastaría con que en Estados Unidos, por ejemplo, se comiera 10% menos
de carne, para que 60 millones de personas no murieran de hambre (valor
mentado por el Dr. Christian Schaller).

Con la cantidad de cereales que usamos para alimentar el ganado en los
países occidentales, podríamos dar de comer a toda la gente del globo. Una sola hectárea aporta

7,800,000 calorías con pan, 3 millones con leche pero solamente
1,215,756 con carne! En términos de proteínas, esto equivale a
255,153 y 13 gramos (Dr. Schlemmer).

El orden injusto del mundo.

Menos de 1% de grandes hacendados brasileños poseen 46% de las
tierras, mientras 89% de los pequeños tan sólo tienen 18%, y el
resto (34%) está entre manos de la clase media. En cuanto a las
exportaciones de carne de Brasil, su crecimiento puede sobreponerse a la
« deuda », y en el de la desertificación de la selva
amazónica. Todo eso para satisfacer el pedido de carne de los
pudientes.

III - Mi selva por una hamburguesa.

Para cada kilo de carne exportado por Costa Rica, este país sacrifica
dos toneladas y media de su fina y única capa de humus. Y más de
mil toneladas de carne vacuna están transformadas a diario en los
McDonald de los Estados Unidos.

En 1950, el 72% del territorio de Costa Rica era selva. Hoy día, su
cobertura forestal ya alcanza apenas el 26%, con 60,000 hectáreas
desbrozadas todos los años. En el transcurso del año que sigue al
desbrozamiento, hace falta una hectárea de pradera artificial para la
alimentación correcta de una sola cabeza de ganado.

Al cabo de 5 años, la delgada capa de humus está agotada hasta el
punto en que cada animal necesita de 5 a 7 hectáreas. Y luego, basta
con 3 o 5 años para que el desierto se instale. Entonces se prende un
incendio más allá: durante los meses de julio y agosto de 1989, 59
000 incendios devastaron unos 33,000 kilómetros cuadrados de
Amazonía, o sea más que el territorio de Bélgica (Tribuna de
Ginebra, 1-9-1989, pag. 7)

Y cada 17 horas, se abre en alguna parte del mundo un nuevo McDonald,
para despachar más de 25 millones de hamburguesas cada DIA; eso
equivale a 125 kilómetros cuadrados de desierto suplementario cada
día, y a la desaparición de especies vegetales y animales
irremplazables ya que apenas se conoce unas centésimas partes de las
propiedades químicas de las plantas, y se descubre constantemente
otras especies vivientes en lo que queda de superficies salvajes.

Acumular esos datos produce vértigo, por su barbaridad. Pero en el
origen de este frenesí autodestructor siempre están las dos
pulsiones de (froid) Freud: ser grande y darse gusto, o sea, en
términos macro-analíticos, hacer lucro financiero y consumir
valores mercantiles. Lo cual nos vuelve a llevar a las motivaciones
individuales y determinaciones sociales, económicas y políticas.

Cuando el tercer Mundo a diario puede darnos 200 millones de dólares
de intereses, es porque cogemos en el montón suyo y él hace lo
mismo con el medio ambiente: el resultado será igual para todo el
mundo salvo que sólo una pequeñísima parte de la humanidad lo
habrá aprovechado para sus gustos.

(SELVA VÍA SATÉLITE) - A la selva amazónica ya le quedan menos de
veinte años de vida. Contiene unos 40% de las selvas tropicales del
mundo, tiene un rol determinante en el mantenimiento de la
biodiversidad, de la hidrografía regional y el clima mundial, - pero
también presenta la más alta tasa mundial de destrucción: dos
millones de hectáreas cada año.

La deforestación amenaza no sólo los árboles y la fauna, sino
también los pueblos que allí viven.

IV - Cambiar de alimentación o el Apocalipsis.

Albert Einstein decía al respecto:

«Según mi punto de vista, el modo de vida vegetariano, por sus
efectos físicos en el temperamento humano, podría influir, de una
manera sumamente benéfica, en el destino de la humanidad »

La recíproca es, que el modo de vida no vegetariano puede influir, y
nos consta, de una forma tremendamente destructiva sobre el destino de
esta humanidad.

René Dumont había anunciado el punto de no retorno para el año
2000; decía que si el vegetarianismo no se hace costumbre, en lo que
quedaba de siglo, la conducta normal y consciente de la gente, se
produciría el Apocalipsis. Quizá sea eso lo que inconcientemente
espera la sociedad, al sentirse confusamente caída en un mundo que no
es el suyo. Pero ¿cómo volver a hallar una dimensión
sobrehumana perdida por una caída inmemorial, si no se es capaz de
convivir con sus congéneres y las demás especies vivientes?

Mi punto de vista es, que nunca es tarde para obrar el bien, puesto que,
según la frase famosa, hoy es el primer día del resto de nuestra
vida.

¡Nos toca hacerla diferente!


V - Para que el mundo cambie, la humanidad debe cambiar rápidamente
sus hábitos alimentarios.

Hace falta diez veces más tierra arable para alimentar un
carnívoro que para alimentar un vegetariano, y acabamos de ver a
qué consecuencias nos ha llevado el consumo de carne.

Salta, pues, a la vista que, el adoptar una dieta muchísimo más
vegetal y muchísimo menos animal, podremos resolver todos los
problemas de hambruna, así como los de la destrucción de nuestra
madre tierra.

Además cada ciudadano del mundo debe tener el derecho absoluto de
emplear una parcela de tierra para cultivar su propio alimento exento de
venenos.
Desde Hermes Trismegisto en Egipto, Pitágoras en Grecia, y el
naturalista Plinio el Viejo, hasta nuestros días, unos grandes sabios
y terapeutas no dejaron de celebrar las virtudes nutritivas y curativas,
para el cuerpo y el espíritu, de una alimentación natural fundada
en el vegetarianismo. ¡Es verdad!

« Si la humanidad quiere que el mundo cambie, debe modificar sus
hábitos vitales, al tomar conciencia del valor espiritual del
vegetarianismo. Este credo del nuevo vegetarianismo puede parecer
presumido, yendo más allá de una simple dieta alimentaria. Pero,
pensándolo bien, veo que la opción de la vida contra la muerte
plantea una dialéctica rigurosa con un enlace determinista
implacable, tal vez no percibido antes: la conducta vegetariana, por su
lógica interna a favor de la vida natural contra los antivalores
mercantiles, aparece cual base en que los demás movimientos deben
finalmente asentarse, so pena de quedar superficiales. Antes de traer
otras reglas de conducta para un mundo más sano, hay que haber
integrado uno mismo esta opción. Y dado el caso que la conducta
vegetariana me parece la actitud más sincera que sea compatible con
una supervivencia en el mundo industrializado, ofreciendo al mismo
tiempo una solución ecológica verdaderamente a la media del
problema actual; en comparación, las tesis de los « Verdes »
actuales resultan muy tímidas y pálidas » (D. Bloud).

Paradoja: Adoptar aquella alimentación que permite devolver a la
naturaleza, luego a los árboles, plantas, animales, unas superficies
inmensas, igualmente aumentaría la variedad de nuestros recursos en
alimentos naturales y gratuitos, y mejoraría la salud de todos.

Mientras seguir con el consumo de carne equivaldría a suicidaros
ahora, nosotros, nuestros hijos, y toda la colectividad.

Esta verdad sencilla, si se adopta y se aplica ampliamente, bastarápara salvar la humanidad y regenerar el planeta.